Mi parque

Todavía recuerdo cuando pasaba por la puerta del parque y no se podía entrar. Era un espacio privado. Una curiosidad viva, incluso infantil, me invadía. Ese aroma que impregnaba el aire alrededor a verde pino, a tomillo fresco, a romero, lavanda, espino negro… aún me hacía tener más ganas de traspasar sus enigmáticas puertas. 

Muchas veces me asomaba tímidamente entre sus barrotes, era la manera que tenía de embriagarme de esa energía tan potente y especial que emanaba por cada rama que sobresalía de sus límites físicos.


"Caprichos de la naturaleza"


Rondaba finales de los años 80 cuando comenzó el movimiento vecinal: muchas personas se habían dado cuenta, como yo, del valor y la importancia de ese pequeño ecosistema para el bienestar del pueblo y sus gentes. No podíamos permitir que siguiera siendo un espacio exclusivo de unos pocos.

Le dimos voz al parque y, finalmente, la fuerza y el apoyo mutuo entre vecinos dio sus frutos. Tras diferentes movilizaciones, conseguimos que comenzara el acondicionamiento por parte del ayuntamiento y su deseada apertura a todos los vecinos del municipio unos años después.


"Ciclo"

Nunca olvidaré el primer contacto que tuve con ese oasis de paz en medio del intenso ritmo urbano. Así lo sentía cada vez que traspasaba, por fin, sus puertas. Mi oasis. “Mi parque”.

Han pasado más de 30 años desde ese día. Han pasado días y muchas vivencias, sensaciones y emociones también. Paseos otoñales con las primeras hojas en el suelo, horas de lectura en un banco al sol, recogimiento cuando estaba pasando por momentos malos, calma observando las ramas danzar al son de la brisa primaveral… La vida pasando, siguiendo su ciclo natural.


"Luz de invierno"

Nunca me siento sola cuando visito “mi parque”. Nada más entrar un grupo de ardillas juguetonas y traviesas me reciben esperando algunos cacahuetes. Ellas solo son algunos de los habitantes que viven allí, lo hacen en armonía con palomas, petirrojos, urracas, montones de insectos, arbustos, árboles, hongos, setas y algún que otro minino.


"Piel"

Suelo sentarme donde puedo escuchar el rumor del agua que cae al estanque y el dulce cantar de los pajarillos. Aquí, es fácil sentir la magia y una conexión muy fuerte con todos los elementos: agua, tierra, aire, sol y éter.


Me encanta pasear por sus caminos en invierno, la luz del sol baña las hojas de las plantas, traspasándolas y también calienta mi alma cuando más lo necesito. Cuando me encuentro con alguno de los árboles más majestuosos que viven allí me gusta tocar su piel, sentir su energía y dejarme sostener por su fuerza. No existe una sensación igual.


"Calma"


Echo la vista atrás y veo a esa mujer que, hace ya muchos años, luchó por lo que creía justo y consiguió, junto con la fuerza de otras mujeres y otros hombres, que se hiciera justicia entregando ese espacio sagrado de vida al disfrute de todos los vecinos del pueblo.


Siempre serás “mi parque”, gracias por tanto.




Fotos y texto: Antonia Montesinos & Yolanda Murcia

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